Discriminación por estética

Discriminación por estética

Para terminar nuestra campaña en contra de cualquier forma de discriminación, hablaremos de todo lo relacionado a la estética y apariencia de una persona como motivo de discriminación en diferentes ambientes: escolares, laborales y públicos.

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La discriminación por estética y apariencia no solo se refiere a la belleza de la persona, ya que el concepto de belleza es muy subjetivo y no es el mismo para una u otra persona, sino todo lo que tiene que ver con la apariencia física, desde aspectos con los que nacemos como rasgos faciales o corporales, hasta otras variables como obesidad, cicatrices, tatuajes, perforaciones, alguna enfermedad o hasta la forma de vestir.

La falta de tolerancia y aceptación es, al igual que en otras formas de discriminación, su cuna y origen, pero ésta viene en una forma más sutil y contra la que no muchas personas se atreven a enfrentarse. Por ejemplo, una situación común es que en lugares como boliches o restaurantes haya una especie de segregación entre personas de diferentes aspectos o formas de vestir, apartándose, o haciéndose sentir no bienvenidos. Lo mismo puede pasar en lugares como el transporte público, comercios, colegios y trabajos.

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Otro ejemplo que es muy común es el caso laboral, donde muchas veces una persona que lleva tatuajes o que no presenta un aspecto físico “bonito” tiene más dificultad en conseguir un puesto aún cumpliendo los requisitos del mismo. Además que diversos estudios han concluido que las personas de mejor aspecto perciben un mayor porcentaje de paga, igualmente las personas más altas y delgadas. Puestos como ejecutivos de venta o de cuenta, secretarias, recepcionistas y todo que tenga contacto directo con el cliente, está siempre reservado implícitamente para personas “bonitas”.

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El otro gran ejemplo es en colegios y también la universidad, muchos jóvenes son víctimas de burlas por la forma de vestir o de su apariencia, o por si son altos, bajos, gordos, flacos y estas burlas casi siempre vienen acompañadas de un sobrenombre ofensivo.

La apariencia de una persona es también su identidad propia, y debe ser respetada en todo momento y en toda situación, tampoco debe ser un factor influyente a la hora de obtener o no algún beneficio. Este es un problema con lo que tenemos que trabajar todos y en conjunto, la discriminación es un mal que nos aqueja en muchos aspectos de nuestra vida, no debemos tomarlo por sentado. Basta con que nosotros mismos empecemos por un pequeño cambio, como aumentar nuestra tolerancia o la de nuestro entorno, para que el mundo empiece a cambiar y todos nos aceptemos y entendamos que no somos iguales pero valemos lo mismo.