Construir, a sabiendas de que no se va a terminar

Construir, a sabiendas de que no se va a terminar

Visualizar una ciudad siempre es más fácil que imaginar a sus ciudadanos y ciudadanas, lo cual es lógico porque los edificios y los siempre fotogénicos puentes y pasos a desnivel, o los destellantes cruces de ocho carriles, muy pronto se convierten en referentes de progreso y bienestar, pero sólo para la foto panorámica, preferentemente nocturna y en plano picado o hacia abajo.

Queda bien dicho hacia abajo, porque esa visión parcial, supuestamente moderna, esconde al ciudadano y a las ciudadanas. A molestos transeúntes que con su torpe caminar arruinan la foto, perturban el paso e interrumpen la estela luminosa de los privilegiados beneficiarios del diseño vial y las millonarias inversiones de hormigón armado, a tono con rascacielos y anuncios de bebidas y de baterías que se distinguen apenas por las marcas, porque las modelos, sus poses y  atuendo, si llega a ser visible, son casi uniformes.

“Antes de construir una ciudad, hay que formar ciudadanos”,  frase atribuida a Georges-Jacques Catón, revolucionario francés que perdió la cabeza en la guillotina, se ajusta muy bien casi doscientos cincuenta años después. Las ciudades deberían ser ante todo, espacios organizados de ciudadanos que, en condiciones de igualdad, construyen ciudadanía.Una construcción de nunca acabar, pero que debe empezar, sí o sí.

En teoría, los bolivianos que se proclaman civilizados ya han empezado esta tarea. Algunos con mayores oportunidades por el simple hecho de habitar ciudades próximas a las zonas de explotación minera o de toma de decisiones. Entonces, antes que otros hicieron filas, depositaron la basura en ciertos lugares, en fin, todo lo que supone convivir.

Otros,  vieron transformar sus pueblos o tuvieron que migrar a los que les llegaron de pronto los dudosos avances de las grandes ciudades, pero no tuvieron tiempo para formarse como ciudadanos. Esta formación es básicamente un respeto a los derechos de los demás y tolerancia a favor de los que todavía no entienden el asunto.

Únicamente ciudadanos formados como tales serán capaces de hacer transformaciones reales, palpables, audibles, visibles. Para que los poderosos los tomen en cuenta, y para que las fotografías panorámicas den lugar a los primeros planos, contrapicados o no, ya no apenas de estelas luminosas y siluetas sugeridas de estructuras de hormigón armado, sino de ciudadanos en pleno ejercicio de derechos y de obligaciones. Para que no se considere noticia curiosa que Evelia Yucra logró que en su cédula de identidad le pongan trabajadora sexual en su profesión, y para que en los próximos ensanchamientos de avenidas, el espacio preferencial sea para el peatón y el ciclista. Y así, hasta el infinito y más allá, porque la ciudadanía se construye a sabiendas de que no se va a terminar. Y que no sea pretexto para que las obras civiles no se terminen de hacer, como los canales de desagüe, que necesitan protectores y señalización, para que la gente no se muera y estén achacando a la lluvia de la tragedia. Exigir eso también  es ciudadanía.

My City: Goiania... O tempo fechou muito rapid...

(Foto: ciudad de Goiania, en Brasil)